Un mes sin Ruth y José

Dos niños desaparecidos y un detenido. Sólo existen estas certezas después de un mes de búsqueda de los pequeños. Dos hermanos, Ruth y José, de seis y dos años de edad, vecinos de Huelva, hijos de un matrimonio en proceso de desaparición. Se fueron con su padre a Córdoba. A pasar el fin de semana con los abuelos. El padre se despistó, los perdió de vista… y nadie más ha vuelto a verlos. Ni rastro de ellos.

Padres separados
El 6 de octubre, José Bretón, duerme en el domicilio familiar que hasta hacía 20 días compartía con su esposa, Ruth Ortiz, y sus dos hijos pequeños. Ellos no están esa noche. Ruth Ortiz había decidido poner fin a nueve años de matrimonio. El marido se había marchado a Córdoba, con su familia. Ella se quedó en Huelva con los niños. Habían acordado que éstos pasarían los fines de semana con el padre. Por la mañana del día 8, éste recoge a los pequeños en casa de la abuela materna, los lleva al colegio y, a la salida, se los lleva a Córdoba. Entretanto, intenta un acercamiento con su ex mujer. Le regala un ramo de flores y le entrega una carta en la que le pide retomar la relación. Ella no accede.

En Córdoba

El padre, José Bretón, detenido y esposado. | Madero Cubero
La noche del día 7, los pequeños Ruth y José duermen en casa de los abuelos paternos, en la calle Don Carlos Romero. El padre lo hace en la finca de recreo de Las Quemadillas, punto clave en la investigación policial. A la mañana siguiente, los críos se van a casa de su tía Catalina, hermana de José Bretón, de donde los recoge el padre sobre las 13.00 horas. Bretón pasea con ellos por Córdoba, hasta que los pequeños se quedan dormidos. Entonces vuelve a la finca de Las Quemadillas, donde quema en una hoguera restos de ropa y recuerdos de su mujer, mientras los niños duermen.

Desaparecen los niños
Sobre las 17.30, según su relato, acude con los críos al parque Cruz COnde, donde ha quedado con su hermana. Bretón se sienta en una tabla de ejercicios, se despista un momento y cuando vuelve a levantar la vista, los niños han desaparecido. A las 18.40 horas denuncia por teléfono su desaparición a la Policía. Los investigadores comprobaron que esta llamada fue realizada desde la finca de Las Quemadillas y no desde el parque, como había dicho el padre. Las cámaras de la Ciudad de los Niños, muy cerca del lugar donde Bretón se encontraba con los niños, lo graban solo. Ni rastro de Ruth y José. Nadie ha visto a los menores en el parque. La Policía sostiene que nunca salieron de la finca.

La detención
Los primeros días tras la desaparición de los pequeños, el padre colabora con la Policía en todo cuanto le piden: acudió a declarar tantas veces como fueron necesarias y estuvo presente en los registros realizados en la parcela familiar. A los diez días, la Policía decide detenerlo como sospechoso. El 21 de octubre, el juez instructor, José Luis Rodríguez Laín, considera que hay “indicios suficientes” para enviar a prisión a Bretón, al que imputa un presunto delito de detención ilegal y otro de simulación de delito.

Las cámaras no han grabado imágenes de los pequeños; sólo del padre. | Madero Cubero
Los escenarios del crimen
La Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta (UDEV), encargada del caso, mantiene varias líneas de investigación. Todas apuntan al padre. Se ha rastreado una zona acotada del río Guadalquivir cercana a la finca de Las Quemadillas, al igual que una gravera situada a tan sólo 500 metros de ésta. Sin embargo, los investigadores se centran en la parcela familiar. La Científica ha registrado palmo a palmo el huerto de naranjos, que ha peinado con perros y un georradar, se han tirado paredes y se han levantado solerías. Nada. Ni rastro de los críos.

Línea de defensa
El letrado del padre ha apuntado a que su cliente podría sufrir un trastorno bipolar tras su paso por Bosnia cuando era soldado profesional y su mal llevada ruptura sentimental. El juez ha ordenado al Instituto de Medicina Legal que le realice un informe psiquiátrico.

Prudencia de la familia materna

Agentes de policía en la finca de Las Quemadillas. | Madero Cubero
La madre ha permanecido todo el tiempo en un segundo plano. Una amiga de la familia, Esther Chaves, se ha erigido en portavoz. SU mensaje, desde el primer momento, ha sido el de mantener la presunción de inocencia para el padre de los niños, incluso después de haber sido detenido y enviado a prisión. No han perdido la esperanza: sostienen que los pequeños deben estar retenidos por alguien en algún lugar.

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