Adolf Hitler sigue vivo… ¡y es Manuel Torreiglesias!

¡Manda güevos!

Prospectiva: así sería el programa matinal de TVE
 si Torreiglesias renunciara a su nueva identidad

Berlín, Abril de 1945: el tercer Reich se cae a pedazos bajo las bombas de los aliados. En el búnker, los vestigios del alto mando alemán sucumben a la derrota.
 
Entre heridos y mutilados, bajo montañas de escombros y cadáveres, mientras Goebbels y su señora reparten Lacasitos de cianuro a sus niños —como se veía en la peli aquella de El hundimiento—, Adolf Hitler tiene el primer momento de lucidez en cuarenta años y piensa: «Joder…¡La que he armao!»

(Esto en alemán, claro.) Y rápidamente traza un plan para escurrir el bulto. Le cuenta a Himmler, su hombre de confianza, que sale un momento a por tabaco, y que si vienen los aliados mientras él está ausente, que eche a una pira algún cadáver y les diga que está entre las cenizas.

Luego escapa del búnker disfrazado de enfermera. En los cuatro años que duraron los juicios de Núremberg, Adolf, oculto en una letrina averiada en un patio de colegio de Breslau, comprende que jamás podrá volver a aparecer en público… Al menos, no bajo su antiguo nombre.

Decide entonces rehacer su vida en el único país de Europa donde el fascismo subsiste: la España de Franco.

La historia fue descubierta por Otto Stierscheissen, hijo de la señora que le alquiló la letrina al Führer; pero para corroborarla necesitaba pruebas de la vida de Hitler en España. No fue fácil: el fugitivo habría cambiado su aspecto y su nombre.

Pero Stierscheissen halló el rastro: un inmigrante con fuerte acento alemán que empezó de friegasuelos en una radio de barrio, donde debutó ante los micrófonos; hizo carrera, saltó a la televisión… Y sigue en activo.

El 20 de abril cumplirá 110 años, pero se mantiene joven gracias a un estilo de vida modélico: ya sabíamos que era vegetariano, pero ahora, además, conoce y aplica las propiedades rejuvenecedoras de la baba de caracol, el queso de cabra y los pactos con el diablo. De natural altruista, comparte estos secretos (salvo el de los pactos con el diablo) en su programa de la televisión pública: Saber vivir. En efecto: Manuel Torreiglesias es, desde hace 60 años, la nueva identidad del Adolf Hitler.

Sobra decir que Torreiglesias nos colgó el teléfono nada más mencionarle Alemania, cuando le llamamos para confirmar todo esto. Ante esta ambigua respuesta por su parte, nosotros lo publicamos, y si es verdad, pues mira qué bien; y si es mentira, lo que nos habremos reído.

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